Lo juro

Y es tarde para algo y temprano para cualquier otro algo. Y la casa, tu casa, te llama. Te dice: quédate a mi lado. Enséñame a distinguir si lo que vemos fuera son siluetas de gorriones buscando techo o, al contrario, son las hojas -ya crecidas- del limonero que sembramos hace poco. ¿Lo ves? ¿Lo has visto?, me repite. Y yo, lo juro, no sé qué contestarle.


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