Estación


Y aquí te encuentres grave, en la estación,
Con tu voz sin voz pero sin miedo,
Como consciente, al fin, de quien te hablaba:
Tal vez yo, susurras, pareces entender –casi entenderte-.
Y ahí, en esa certidumbre de andar como siguiendo tus raíles,
Descubres, de repente, la mano que ha movido
Las cuerdas de allí adentro –la garganta- como un mago:
Bienvenido al ser de la ventana –pronuncias en sus labios-,
Soy yo sin la maleta,
Tu yo –niña de dos- quien te persigue.

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