de la misma manera

La palabra tiene que parecerse a sí de la misma manera en que un hombre debe sustituirse al cabo. Cambiarse el antifaz tal y como sacamos la basura ya dispuesta. Como una oración, un cántico sin demasiada enjundia, de esos que guardamos fuerte en la memoria y salen a la voz como si nada. Sustituirse. Eso es. Parecerse. Eso es. Porque la palabra contiene la verdad y no al contrario. El hombre, por tanto, ha de vaciarse, frente a ella, para seguir sin peso, retener en torno a sí la única verdad antes citada. Como si fuese necesario. Una cuestión de vida o muerte.