¿y es hogar?

Tengo —anclado a la sonrisa— el miedo primitivo
de quien se sabe mortal en otras manos.
El temor
— infecundo si es que no se marcha a tiempo—
de la duda que ha arraigado como una especie de brote
al fondo de la orilla,
timorato ante el envite del océano tan amplio,
tan hermoso ante su cepa y ¡tan, tan desconocido!

Tengo, como una especie de sombra cavernaria,
tu  voz grabada a luz en mitad de mi faringe.
Y es voz y es amplitud y es algo parecida a la mañana
Que acontece sin causa y sin preguntas,
pero también es, tu voz, cierto oscile por ser voz,
por ser tan tuya
                —un eco con su eco y su verdad
a ratos etéreo e invisible—.

Tengo
 —¿cómo sacar de mí?—
 la certeza debatiéndose  a bondad con el asombro,
el deseo preguntándole a la piel cuál es su estado,
la mirada puesta en ti, como en la patria,
que se atisba, aún distante,  se pretende
conocer, absuelto ya,  libre de herencia.






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