afectos



Si solamente pudiera el hombre
decir cómo se acoge a los afectos
y crece en ellos y se expande.
Si fuera una palabra suficiente
para mostrar al mundo la dicha
y los deseos.
Si en los ojos anidasen las pasiones
como nuevas pupilas en las viejas.
Si amar tuviese nombre 
y tacto cognoscible
y cuerpo propio,
seríamos el grito en la raíz
y, sin embargo,
la tierra nos empuja hacia la voz
del otro y de sus formas
y el acto de existir recobra entonces
la antigua cualidad de comprender
a quien acude
y muestra su raíz y su intención
y se desviste.

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