Touchee


[...] Dicen que los locos oyen voces pero lo que nadie advierte es la presencia tangible de quien habla. Quien nos insta a mirar de repente hacia otro lado como si alguien viniera a posar su mano sobre el hombro. Una mujer en el mercado miraba hoy las acelgas e intuía algo más que el resto. Como sus voces. Como ella a cientos de kilómetros vitales, quién sabe en qué cosa o con qué otros. Y esa mujer, en el mercado, ha dicho algo por encima del resto de oídos
pidiendo el pan o los yogures. Ha dicho. Y eso, para él, ha sido suficiente.

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