No existe lo absoluto




Todo héroe recurre a su pasado para buscar en él los precipicios,
las curvas con sus faros mortecinos y su cruel incertidumbre de alabeo,
el miedo de una vez y los errores como notas de luz entre los cortes,
el gesto y la quietud para volver a la guerra sin reservas.
Todo héroe conoce su tragedia como un padre percibe la amenaza,
el peso de su tiempo y su deber como individuo anclado a unas verdades,
las aspas de futuro batiéndose con una precisión de experimento
sin una sola traba que le impida caminar ni ser más hombre.
Todo héroe se sienta a contemplar su indecisión y llora al mundo
como un hijo mayor acostumbrado a cargar con las tareas y los deudos,
entiende que ser héroe no es distinto a ser cobarde, medroso, irresoluto,
encara la verdad y la mentira y se presenta ante el ruin y se arrodilla.




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