Trampantojo

El milagro y su discreta persistencia
también es invisible.
Hay un hombre observando cómo un mirlo
defiende su terreno
mientras él se pregunta por la vida;
un anciana limpiándole la flema
a un marido lejano 
que olvida cada día hablar con su memoria
pero sabe a quién ama
y acaricia la sombra compartida
como un niño regala la torpeza.
Hay un perro que lame 
la herida de su dueño entre basuras,
y alguien mira con celo
la pericia animal y los afectos
como si alguien pudiera consolarlos
mientras calla su voz y vuelve a casa.
Porque el milagro y su impúdico tamiz 
de gallinita ciega 
mostrándonos los pasos acertados,
inunda cada día cualquier calle.
No es ciego aquel milagro que sucede:
es ciego el corazón que lo desoye.