Mayor que el pensamiento

Incluso cuando espero estoy cansado
y encuentro entre sus voces la furia de un sonido indistinguible
que apela a mi tristeza como una noche vuelta sobre el tiempo
o saca a relucir de la ceniza al niño que yo fui, hombre y cobarde.  

Porque están todos ellos, como una vía apenas transitable
inflando los silencios, un modo de habitar donde no hay nadie
que sepa distinguir a las palabras, decirles que la voz también nos hiere
como un ruido afilado abriéndonos la piel y los oídos.

Incluso a media noche estoy despierto
y camino hacia mí como quien lleva a cuestas la memoria
o escurre el corazón mientras los coches gritan, atropellan,
y el sueño es otra herida a la que acuden todos los ausentes.

Difícil es hablar o yo rehúso
decir que ni siquiera reconozco mi voz cuando ella suena,
que tengo entre los dientes la malsana costumbre de la sangre,
que nadie puede oír porque es el ruido mayor que el pensamiento.